Guerra entre el sector del automóvil y el Gobierno a cuenta del diésel

Hace unas semanas, a poco de llegar Pedro Sánchez al Gobierno, en el sector del automóvil se mostraban cautos y llamaban a la prudencia ante los continuos ataques por parte de las Administraciones al diésel. Se intuye que por detrás hay negociaciones de las que no se informa. Y que en ellas, las posturas están muy lejanas. Porque en los últimos días se han sucedido las críticas (algunas muy feroces) contra la llamada «demonización del diésel» que se está haciendo desde el Ejecutivo socialista, seguramente que también presionado por Europa. Hasta cuatro manifestaciones explícitas de cuatro representantes del sector del automóvil han mostrado su disconformidad con la política que está llevando en este asunto el nuevo Gobierno.

Gobierno y sector del automóvil, en pie de guerra por el diésel

Decía Gerardo Peréz, presidente de Faconauto, a mediados del mes de agosto, que «el diésel se ha convertido en un chivo expiatorio, en una distracción» y que los culpables de la mala calidad del aire no son los diésel en general, sino solo los antiguos. Era la respuesta meditada y más cauta que recibieron las palabras de la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, que llegó a sentenciar que «el diésel tiene los días contados». No sirvió entonces la cautela. Así que los siguientes en expresarse representando a diversos estamentos del sector del automóvil han sido mucho más duros. Solo en los últimos días se han mostrado críticos Anfac, Aniacam, el máximo representante de Hyundai en España y hasta la Federación de Industria de CC OO, sindicato que no es sospechoso precisamente de no tener buena relación con el socialismo.

Desde ANIACAM (Asociación Nacional de Importadores de Automóviles, Camiones, Autobuses y Motocicletas) se han manifestado en la misma línea, mostrando «su profunda preocupación por el ataque indiscriminado que está sufriendo el vehículo con motor diésel por parte de algunos estamentos de la Administración», cuando «el diésel euro 6, es un vehículo similar en contaminación al de gasolina, que es decir muy poco contaminante y sin embargo, tiene la gran ventaja sobre éste de que emite mucho menos CO²». Por ello, asegura que «mal camino es el de subir impuestos a los vehículos diésel o gravar con un impuesto el combustible», porque «estaremos eliminando la mejor alternativa al vehículo eléctrico hasta que éste pueda estar plenamente operativo para las necesidades de movilidad de la población».

Primero Anfac, asociación de fabricantes de vehículos en España, aseguraba que las manifestaciones en contra del diésel «no responden a la realidad actual de esta tecnología y son perjudiciales, tanto para las ventas y para los consumidores como para la consolidación y transformación tecnológica de las fábricas españolas y su liderazgo mundial». Además, advertía de que «España ha recibido, para los próximos 18 meses, adjudicaciones de 15 nuevos modelos, de los 

que la mitad vienen con versiones alternativas» y cuya producción podría estar en peligro. Y, por si fuera poco, volvía a replicar al Gobierno con datos: «los vehículos nuevos diésel emiten hasta un 84% menos de emisiones contaminantes NOx y un 90% menos de partículas que los automóviles de más de 15 años de antigüedad», gracias a la constante innovación tecnológica de las marcas.

 

«Atacar al diésel en España es atacar al sector del automóvil»

El sector del automóvil replica que los nuevos diésel no contaminan más

Más duro se ha mostrado el director general de Hyundai España, Polo Satrustegui, quien ha dicho que «atacar al diésel en España es atacar a la industria del automóvil» y recomienda al Gobierno y a los políticos «reconducir la situación» y explicar lo que es el diésel porque si no «nos cargamos nuestra industria». Y preocupado por la posible pérdida de empleos en el sector del automóvil, la federación de Industria de CC OO ha asegurado que la «política antidiésel del Gobierno provocará pérdida de empleos y de tejido industrial en el automóvil, al margen de carecer de solvencia científica».

Una guerra de manifestaciones que ha comenzado a traducirse en desplome de ventas. Pero no solo en España, sino en toda Europa. Los últimos datos arrojan que en los seis primeros meses del año se matricularon en la Unión Europea 3,11 millones de vehículos con este combustible, lo que supone un 16,3% menos que en el mismo periodo de 2017. Todo parece indicar que el sector del automóvil deberá adaptarse a marchas forzadas a una transformación de sus procesos productivos si no quiere caer en pérdidas. Pero también los consumidores deberán adoptar cambios en sus parámetros de compra, porque el diésel ha pasado de ser el preferido durante años, a estar en completo en entredicho. Con o sin razón, los amantes del diésel deberán resignarse.

Infografías: Anfac

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